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nytimesinternationalweekly - 20/11/19 - 06:00 AM

La hiena rayada peligra por el miedo y la cacería

En el Norte de África y otras partes de Medio Oriente, donde también deambulan las hienas rayadas, son atropelladas, envenenadas o asesinadas para su uso en la medicina tradicional.

Ian Sayers, veterinario, y Jason Mier, de Animals Lebanon, examinan una hiena rayada en un zoológico privado. Foto/ Diego Ibarra Sanchez.
  • Helen Sullivan

KFAR TOUN, Líbano — Cerca de la medianoche, Mounir Abi-Said se sentó en el capacete de su Land Rover y alumbró el paisaje con una linterna, en busca de hienas rayadas.

Abi-Said, biólogo de la conservación y experto en hienas rayadas en la Universidad de Líbano, en Beirut, se encontraba en las afueras de Kfar Toun, un pueblo a 40 minutos de la frontera siria. En las primeras horas de la mañana, la linterna iluminó dos pares de ojos de hiena. Pero se cerraron enseguida y no volvieron a aparecer.

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La hiena rayada es el animal nacional de Líbano. Más pequeña que la hiena manchada del África subsahariana, tiene una prominente melena negra y blanca. Es una parte importante del ecosistema: carroñera, equipada con un formidable sistema inmune que le permite consumir carne podrida sin peligro y prevenir la propagación de enfermedades. Pero las hienas rayadas son esquivas, no han sido muy estudiadas ni son muy del agrado de la gente. En Líbano, son baleadas por temor o cazadas como deporte, aunque ambas actividades son ilegales. En el Norte de África y otras partes de Medio Oriente, donde también deambulan las hienas rayadas, son atropelladas, envenenadas o asesinadas para su uso en la medicina tradicional.

Abi-Said ha pasado gran parte de su trayectoria tratando de cambiar las actitudes libanesas hacia las hienas. Su tesis de doctorado, publicada hace una década, fue el primer estudio importante sobre la ecología y distribución de la especie en Líbano; él y su esposa, Diana, operan Animal Encounters, un santuario de la vida silvestre y pequeño zoológico cerca de Beirut.

Los conflictos han moldeado la vida de los animales. Stripey, una hiena rayada hembra, nació en el centro en el 2006, pero la guerra ese año entre Israel y Hezbollah evitó su liberación. Un total de 19 hermanos suyos de camadas anteriores han regresado a la vida salvaje, pero Stripey se acostumbró demasiado al cautiverio y ahora es la mascota del centro.

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Quedan menos de 10 mil hienas rayadas en estado salvaje. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza las incluye como casi amenazadas globalmente, y sus números van a la baja. La Unión realiza actualmente el estudio global más grande de las cuatro especies de hiena —manchada, rayada, parda y el lobo de tierra— realizado desde los 90. Hay datos fácilmente disponibles para tres especies, pero no para las rayadas.

Las hienas rayadas son particularmente difíciles de monitorear porque son nocturnas, viven solas o en pares, y prefieren los hábitats inaccesibles. Raras veces matan ganado, pero realmente les gustan los melones y las sandías, que usan como fuente de agua. Los granjeros a menudo confunden a las hienas que andan en busca de fruta con merodeadores que cazan sus rebaños.

No hay cifras confiables del número de hienas rayadas salvajes en Líbano, pero es probable que sean unos cuantos cientos.

Animals Lebanon, una organización de bienestar animal, se ha propuesto la tarea de proteger de la captura a las hienas salvajes. Recientemente, la organización intentó rescatar a tres hienas rayadas de un zoológico privado en el sur de Líbano. El dueño del zoológico había pagado 800 dólares por cada hiena, pero Animals Lebanon lo convenció de renunciar a ellas.

Los animales fueron revisados por Ian Sayers, un veterinario reclutado por el grupo de Abi-Said.

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Una hiena mayor fue evaluada, recibió antibióticos y se quedó en el zoológico, donde podrá estar unos cuantos meses más.

Pero dos hienas pequeñas, de nombre Libertad y Unidad, fueron colocadas en una jaula y en la parte trasera de una camioneta tipo van. Tras dos horas de viaje por caminos irregulares y sinuosos, el grupo llegó a la Reserva de la Biósfera Shouf, un refugio en lo alto de las montañas.

La van fue estacionada, y dejaron solas a las hienas para que se calmaran luego del viaje. La jaula fue llevada al aire fresco. Cuando la jaula fue depositada en el suelo, las crías empezaron a gruñir y pelearse. Los humanos tomaron aire, la jaula fue abierta, y Libertad y Unidad se alejaron corriendo.

No voltearon hacia atrás.