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nytimesinternationalweekly - 14/10/19 - 06:00 AM

Indígena proclama su propia nación

Según Murrumu de Walubara, ministro de Relaciones Exteriores y Comercio del Gobierno Soberano de Yidinji, el pueblo indígena merecía algo mejor, por eso comenzó a investigar sobre cómo avanzar hacia un tratado entre Australia y sus pueblos indígenas.

Murrumu de Walubara haciendo snórquel con su hijo en la Gran Barrera de Coral, que, dice, es territorio indígena. Foto/ Brook Mitchell para The New York Times.
  • Livia Albeck-Ripka

ARRECIFE MILLN, Australia — Murrumu de Walubara y su hijo, Thoyo, remaban en las transparentes aguas de la Gran Barrera de Coral. Estaban a 60 kilómetros de la costa de Australia —o, como dice Walubara, lo que la mayoría de la gente llama Australia.

Para él, la Gran Barrera de Coral forma parte del Territorio Yidinji, una nación autoproclamada que él formó en el 2014, la cual abarca más de 15 mil 500 kilómetros cuadrados en la parte nororiental del continente.

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Hace cinco años, tras darse cuenta de que como hombre indígena no era reconocido por la Constitución de Australia, Walubara dejó su empleo y renunció a su ciudadanía australiana y a su antiguo nombre, Jeremy Geia. Devolvió su pasaporte, sus documentos de salud pública y su licencia de conducir a sus respectivos departamentos gubernamentales, y destruyó sus tarjetas bancarias australianas.

Yo asumía que tenía una afiliación real dentro de la Mancomunidad de Australia, recordó Walubara, de 45 años, haber escrito a cada dependencia gubernamental. Cometí un error: ya no soy elegible para los beneficios de su sociedad. Les devuelvo sus instrumentos.

Aunque los expertos dicen que es poco probable que Australia reconozca los reclamos de soberanía de Walubara, su argumento tiene peso en un país que no ha reconocido a los australianos indígenas en su Constitución ni ha firmado un tratado con las poblaciones marginadas, que han buscado una voz en el Parlamento.

Walubara es el Ministro de Relaciones Exteriores y Comercio del Gobierno Soberano de Yidinji, que tiene 10 ministros y cerca de 100 ciudadanos. Los tratados con los gobiernos indígenas soberanos son el único remedio, dice, para el dolor infligido a generaciones de pueblos indígenas, que se cree habían habitado Australia durante 65 mil años antes de la llegada de los británicos. No nos vamos a ir, y no queremos que la Mancomunidad de Australia se vaya, dijo. Su gobierno no quiere compensación, sino que Australia la reconozca como entidad oficial.

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Walubara nació en Cairns, de madre aborigen y padre judío croata. Buscó respuestas viajando por docenas de países, incluyendo Cuba y México y, más tarde, en el periodismo, donde creyó que podría hacer rendir cuentas a los poderosos. Pasó dos décadas como reportero, en el 2012 dirigiendo una de las primeras entrevistas con Julian Assange en la Embajada de Ecuador en Londres y convirtiéndose en reportero político en Canberra, la capital de la Nación. Ahí, dice, se frustró con las historias sobre los altos índices de encarcelamiento y suicidio de indígenas australianos y las payasadas de los políticos.

Pensé que la gente merecía algo mejor, y si los indígenas cifraban sus esperanzas en ese tipo de liderazgo, pues buena suerte, dijo Walubara. Comenzó a investigar sobre cómo avanzar hacia un tratado entre Australia y sus pueblos aborígenes.

Renunció a una carrera muy fuerte, dijo Mark Davis, un ex colega. Pero es un hombre que tiene sus propios principios.

Para Walubara, su misión es simple: el Gobierno Soberano de Yidinji quiere reconocimiento, pero se conforma con que Australia lleve a cabo funciones administrativas en su territorio y represente sus intereses, siempre y cuando los ministros de Yidinji tengan la última palabra en asuntos ambientales y puedan financiar proyectos como escuelas, lo que, dice, daría mejores resultados a la juventud aborigen. Los ministros sostienen que al firmar la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Australia ya se comprometió a permitirles autogobernarse.

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Anne Twomey, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Sydney, dijo que era importante que el reclamo fuera por soberanía política, no por soberanía legal. Un nivel limitado de control político o reconocimiento podría ser posible, dijo, si el Gobierno australiano decidiera conferirlo.

Algunos insisten en que Walubara sólo busca llamar la atención.

Otros no están de acuerdo. Es uno de los grandes de esta tierra, comentó Isaac Cassady, de 19 años.

Walubara sigue convencido de que vivirá para ver un tratado. Dijo que se había dado cuenta de que no hay un atajo para curar las heridas de la historia. El camino pacífico es el mejor, afirmó, aunque sea el más largo.