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nytimesinternationalweekly - 20/3/20 - 12:00 PM

Familias se resienten por el cierre de escuelas debido al coronavirus

Los padres han perdido ingresos, han intentado trabajar desde casa, incluso estudiantes han tenido que perderse momentos memorables, como ceremonias de graduación o los últimos días de escuela.

Más de 360 millones de estudiantes no acuden a clases al cerrar las escuelas por el coronavirus. Chloe Lau hace tarea en Hong Kong. Foto / Lam Yik Fei para The New York Times.
  • Vivian Wang y Makiko Inoue

HONG KONG — La epidemia del coronavirus se ha dejado sentir más profundamente en la vida cotidiana a nivel mundial, intensificando las afectaciones a la educación de más de 360 millones de estudiantes en todo el mundo, de acuerdo con las Naciones Unidas.

En enero, China, donde inició el brote, era el único país que había suspendido clases. Pero el virus se ha propagado con tanta velocidad que para el 10 de marzo, casi 30 países en tres continentes habían anunciado cierres de escuelas a distintos grados, llevando a la ONU a advertir que la velocidad y escala global de la actual disrupción educativa no tiene precedentes.

Hoy estudiantes no están asistiendo a clases en Corea del Sur, Irán, Japón, Francia, Pakistán, Italia, India y otras partes —algunos por unos días, otros por semanas.

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Los educadores y economistas afirman que la velocidad y la escala del trastorno educativo no tienen paralelo en la historia moderna. Las escuelas brindan estructura y soporte para familias, comunidades y economías enteras. El efecto de cerrarlas durante días, semanas y en ocasiones incluso meses podría tener repercusiones incalculables en los niños y las sociedades en general.

Siempre están preguntando: ‘¿Podemos salir a jugar? ¿Cuándo podemos ir a la escuela?, dijo Gao Mengxian, una guardia de seguridad en Hong Kong cuyas dos hijas han estado en casa desde que las clases se suspendieron en enero.

En algunos países, los estudiantes de mayor edad han perdido sesiones de estudio críticas para los exámenes de admisión a la universidad, mientras que los más jóvenes se arriesgan a atrasarse en lectura y matemáticas.

Los padres han perdido ingresos, han intentado trabajar desde casa o se han apresurado para encontrar servicios de guardería. Algunos han cambiado a sus hijos a escuelas nuevas en zonas que no se han visto afectadas por el coronavirus y han tenido que perderse momentos memorables, como ceremonias de graduación o los últimos días de escuela.

No tengo datos qué ofrecer, pero no se me ocurre ningún ejemplo de algún otro momento en la época moderna en que las economías avanzadas hayan cerrado escuelas a nivel nacional durante periodos prolongados, afirmó Jacob Kierkegaard, miembro titular del Instituto Peterson para Economía Internacional, en Washington.

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Gao, de 48 años, dejó de trabajar para cuidar a sus hijas y comenzó a escatimar en gastos domésticos. Sale de su casa sólo una vez a la semana y pasa la mayor parte del tiempo ayudando a sus niñas, de 8 y 10 años, con clases en línea, batallando con tecnología que la confunde y que frustra a sus hijas.

Los Gobiernos intentan ayudar. Japón está ofreciendo subsidios para ayudar a las empresas a compensar el costo del tiempo libre de los padres. Francia ha prometido 14 días de licencia por enfermedad remunerada a los padres que no tienen más remedio que cuidar a los hijos que no pueden ir a la escuela.

Pero las afectaciones se han extendido hasta tocar ámbitos de la sociedad que aparentemente no tienen relación con la educación. En Japón, las escuelas han cancelado enormes pedidos de entrega de alimentos para los almuerzos que ya no servirán, dañando a agricultores y proveedores. En Hong Kong, un ejército de empleadas domésticas se ha quedado sin trabajo porque las familias adineradas han inscrito a sus hijos en escuelas en el extranjero.

Los funcionarios han buscado que los niños sigan aprendiendo en casa.

El Gobierno italiano creó una página en internet para brindar a los maestros acceso a herramientas como videoconferencias y planes académicos. Los canales de televisión de Mongolia están transmitiendo clases escolares. El Gobierno de Irán ha hecho que todo el contenido en internet dirigido a los niños sea gratuito.

Incluso hay clases de educación física en línea: al menos una escuela de Hong Kong requiere que los estudiantes sigan desde casa —en uniforme deportivo— las instrucciones de un instructor mientras este hace lagartijas en la pantalla. La cámara web de cada estudiante comprueba su participación.

Sin embargo, la realidad fuera de línea es todo un reto. Algunas interrupciones son inevitables. Publicaciones en las redes sociales chinas muestran a maestras y estudiantes subiendo a los techos o rondando afuera de las casas de los vecinos en busca de una mejor señal.

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Los cierres también han alterado los sucesos importantes en el ámbito escolar. En Japón el año escolar típicamente termina en marzo. Ahora muchas escuelas están restringiendo las ceremonias a maestros y estudiantes.

Cuando el hijo de Satoko Morita se graduó de la preparatoria en el norte de Japón, el 1 de marzo, ella no estuvo presente. Lo mismo ocurrirá con la ceremonia de su hija en la primaria.

Mi hija me preguntó: ‘¿Qué sentido tiene asistir y dar discursos en la ceremonia si no estarán los padres?, comentó.

Para Chloe Lau, una estudiante de Hong Kong, el final de su educación preparatoriana llegó de pronto. Se suponía que su último día de escuela sería el 2 de abril, pero la fecha más cercana en que podrían reanudar clases las escuelas de Hong Kong es el 20 de abril.

Con los cierres, las familias se están viendo obligadas a reconsiderar cómo mantenerse y dividir las responsabilidades del hogar. La carga ha recaído con mayor severidad en las mujeres, quienes siguen siendo en gran medida responsables del cuidado de los niños en todo el mundo.

Las niñeras son escasas o se muestran recelosas de aceptar niños en las regiones más afectadas.

Para las madres con pocas redes de protección social, las opciones son aún más limitadas.

En Atenas, Grecia, Anastasia Moschos dijo que había tenido suerte. Cuando la escuela de su hijo de 6 años cerró una semana, Moschos, una agente de seguros de 47 años, pudo dejar a su hijo con el padre de esta, quien estaba de visita. Pero si las escuelas permanecen cerradas por más tiempo, tendrá que ver qué hace para encontrar ayuda.

Se asume que todo el mundo tiene a alguien que le puede ayudar, afirmó. Ese no es mi caso. Soy madre soltera y no tengo ayuda en casa.

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Hasta las madres que pueden abandonar las áreas afectadas tienen problemas para encontrar cuidado infantil. Cristina Tagliabue, emprendedora del área de comunicaciones de Milán, el centro del brote en Italia, se mudó recientemente con su hijo de 2 años a su segunda casa en Roma.

Sin embargo, ninguna guardería quiso aceptar a su hijo porque otros padres no querían a nadie de Milán cerca de sus hijos, dijo Tagliabue.

Ha rechazado varias ofertas de trabajo, dijo, ya que no puede trabajar desde casa sin una niñera para su pequeño.

Están en lo correcto al cerrar escuelas, pero eso tiene un costo, dijo Tagliabue. El Gobierno podría hacer algo por las madres —también estamos en cuarentena.

Su-Hyun Lee, Constant Méheut, Elisabetta Povoledo, Niki Kitsantonis, Farnaz Fassihi y Rick Gladstone contribuyeron con reportes.