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nytimesinternationalweekly - 22/9/19 - 06:00 AM

Exhibiciones exponen la verdad del racismo de E.E.U.U.

Un estudio abarrotado de objetos clasificados por tipo y color: relojes despertador, libros antiguos, máscaras africanas, jaulas para aves, globos terráqueos, y el estereotipo de la sirvienta de raza negra.

Imágenes de estadounidenses de color figuran mucho en la obra de Betye Saar, que explora cultura, racismo y política. Foto/ Erik Carter para The New York Times.
  • Holland Cotter

(Ensayo)

LOS ÁNGELES — Le pregunté a la artista Betye Saar, quien tiene 93 años y está a punto de inaugurar exhibiciones simultáneas este otoño en dos museos importantes —el Museo de Arte Moderno, en Nueva York, y el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles— si tiene alguna teoría respecto a por qué al fin está recibiendo atención de instituciones prominentes.

Saar omite lo obvio: es mujer; es de raza negra; ha vivido toda su vida en lo que llama el otro extremo del planeta (sur de California). ¡Porque ya era hora!, exclamó. He tenido que esperar hasta prácticamente tener 100 años.

Estábamos en su hogar, que también es su estudio, en Los Ángeles. Ha vivido y trabajado allí desde 1962.

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Durante medio siglo, Saar ha sido una de las creadoras estadounidenses más inventivas e influyentes de ensamblajes artísticos íntimamente armados. Y ha incorporado un alcance distintivo, que abarca la cultura global, el misticismo popular, la historia personal y el racismo estadounidense.

Su estudio está abarrotado de objetos clasificados por tipo y color: relojes despertador, libros antiguos, máscaras africanas, jaulas para aves, globos terráqueos, rebanadas de sandía de madera pintada, milagritos mexicanos y las llamadas muñecas mammy (el estereotipo de la sirvienta de raza negra) amontonadas sobre una silla.

Me considero una recicladora, dijo Saar. Así he sido desde niña, hurgando entre la basura para ver qué desechó la gente.

Es así como obtiene la materia prima para su arte. Algunas obras son cápsulas del tiempo curadas que preservan materiales que alguna vez fueron propiedad, o recordatorios, de mujeres en la familia de Saar.

Otras son autorretratos simbólicos. En Black Girls Window (La Ventana de la Chica de Color), de 1969, que será el ancla de la exhibición en el MoMA, la artista rodea una silueta de su cabeza con lunas y estrellas flotantes; el dibujo de un león, su signo zodiacal; el ferrotipo de una mujer que podría ser su abuela irlandesa; y, al centro, el esqueleto de una tienda de adornos de Halloween en alusión a la muerte de su padre cuando ella era niña.

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Y hay obras que son abiertamente políticas. Un ejemplo que define su trayectoria, The Liberation of Aunt Jemima (La Liberación de la Tía Jemima), de 1972, fue su respuesta al asesinato de Martin Luther King Jr. La imagen principal aquí es una muñeca mammy de plástico, de la época de la segregación y comprada en una tienda, diseñada para sostener un bloc de notas y un lápiz. Saar la transformó, al reemplazar el bloc con un puño de Poder Negro y colocar un rifle en la mano de la figura.

Su exhibición individual en el MoMA, Betye Saar: The Legends of ‘Black Girls Window (Betye Saar: Las Leyendas de La Ventana de la Chica de Color), que debuta el 21 de octubre, es un repaso de sus primeras obras inusuales en papel complementadas por una selección de sus ensamblajes.

Saar ha viajado extensamente —a Bali, Brasil, Haití, México, Marruecos, Nigeria, Senegal— siempre en busca de objetos e imágenes.

A donde quiera que fuera, portaba pequeños cuadernos de dibujo que hacían las veces de bancos de memoria y estudios portátiles.

La exposición en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles, Betye Saar: Call and Response (Betye Saar: Llamada y Respuesta), que se inaugurará el 22 de septiembre, reunirá varios cuadernos de bocetos con obras terminadas relacionadas.

En mi visita a su estudio, había un ensamblaje en proceso que explora el racismo. En agosto, sus componentes incluían dos fotografías impactantes, una de una joven africana tocando un instrumento musical; el otro, una fotografía de archivo de 1863 de un hombre afroestadounidense visto desde atrás, con la espalda desnuda cubierta de cicatrices de latigazos.

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Saar acomodó las fotos a ambos lados de un piano de tamaño infantil con teclas faltantes, añadió un diagrama del siglo 18 de un barco repleto de esclavos y coronó el ensamblaje con un reloj antiguo.

Trata sobre la esclavitud, antes y después, explicó. La titulo ‘Skin Song (Canción de Piel).

Un segundo ensamblaje sugiere un relicario. Está dedicado a la tía abuela de Saar, Hattie. Cuando Hattie murió a principios de los 70, la artista heredó un baúl lleno de pertenencias personales. Con los años, los ha estado preservando en su obra, inspirada por la creencia espiritual de que los muertos viven en lo que han tocado y atesorado.

Creo que lo más arriesgado es imprimirle espiritualidad al arte, comentó Saar. La gente le tiene miedo, así que lo ignora.