nytimesinternationalweekly - 31/7/2020 - 12:00 PM

Estudian clamidia en los koalas

La clamidia provoca inflamación grave, quistes masivos y cicatrices en el tracto reproductivo de los koalas. Pero la bacteria responsable sigue siendo similar a la humana.

Rosemary Booth, del Hospital de Fauna del Zoológico de Australia, usa antibióticos para tratar a los koalas con clamidia. Foto / Russell Shakespeare para The New York Times.
  • Rachel E. Gross

TOORBUL, Australia — La primera señal es el olor: ahumado, como una fogata, con un toque de orina; la segunda es la parte trasera del koala: si está húmeda e inflamada, con rayas color café, sabes que el animal está en problemas. Jo, inconsciente en la mesa del veterinario, tenía ambas cosas.

Jo es una koala silvestre bajo el cuidado de Endeavour Veterinary Ecology, una consultora de fauna que se especializa en ayudar a poblaciones de koalas enfermos a recuperarse. Los veterinarios notaron en sus dos últimas visitas de campo que ella tenía un “trasero sospechoso”, como lo describió la veterinaria Pip McKay. Así que la llevaron a ella y a su bebé de un año a la clínica veterinaria, en un claro del bosque en Toorbul, al norte de Brisbane.

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“A primera vista, probablemente tenga clamidia”, dijo McKay.

La clamidia ha infectado a todo tipo de animales, desde ranas hasta peces y desde periquitos hasta humanos. Esta susceptibilidad compartida ha llevado a algunos científicos a argumentar que estudiar, y salvar, a los koalas puede ser la clave para desarrollar una cura perdurable para los humanos. Peter Timms, un microbiólogo de la Universidad de Sunshine Coast, en Queensland, ha pasado la última década desarrollando una vacuna contra la clamidia para los koalas y ahora lleva a cabo ensayos.

En los koalas, la clamidia provoca inflamación grave, quistes masivos y cicatrices en el tracto reproductivo. Pero la bacteria responsable sigue siendo similar a la humana, gracias al diminuto y altamente conservado genoma de la clamidia: solo tiene 900 genes activos, muchos menos que la mayoría de las bacterias infecciosas.

Debido a estas similitudes, los ensayos que está realizando Endeavour pueden ofrecer pistas valiosas para los investigadores de todo el mundo que trabajan en una vacuna para humanos.

La clamidia es la infección de transmisión sexual más común en el mundo, con 131 millones de casos nuevos cada año.

Existen antibióticos, pero eso no es suficiente para resolver el problema, porque la clamidia es un “organismo furtivo” que produce pocos síntomas y a menudo pasa inadvertida.

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La clamidia puede permanecer en el tracto genital durante meses o años, causando estragos. La cicatrización y la inflamación crónica pueden causar infertilidad, un embarazo ectópico o la enfermedad inflamatoria pélvica. También crece la evidencia de que la clamidia también perjudica la fertilidad masculina.

Todo esto aplica tanto en humanos como en koalas. Los investigadores señalan que la clamidia del koala luce similar a la versión humana. La diferencia es la gravedad: en los koalas, la bacteria asciende rápidamente por el tracto urogenital y puede saltar de los órganos reproductivos a la vejiga. En partes de Queensland la enfermedad fue responsable de una disminución del 80 por ciento en la población de koalas en dos décadas.

En el Hospital de Fauna del Zoológico de Australia, 50 kilómetros al norte de Endeavour, Rosemary Booth y su equipo tratan a los koalas con clamidia con un régimen más vigoroso de los mismos antibióticos empleados en los humanos.

Sin embargo, la cura puede ser tan mortal como la enfermedad. En lo profundo de los intestinos de un koala, hay un ejército de bacterias que ayuda al animal a subsistir a base de eucalipto, una planta tóxica para todos los demás animales. Los antibióticos acaban con esa flora intestinal crucial, por lo que el koala se ve impedido de obtener nutrientes de su comida.

En un ensayo en el 2019 dirigido por Timms y Booth, fue necesario sacrificar a uno de los cinco koalas tratados con antibióticos “debido a complicaciones gastrointestinales que derivaron en desgaste muscular y deshidratación”.

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En lugar de tratar a los animales una vez que ya están enfermos, una vacuna protegería a los koalas de cualquier encuentro sexual futuro y de la transmisión de la infección de la madre al recién nacido. La fórmula de Timms parece funcionar bien: los ensayos han demostrado que su uso no presenta riesgos, que surte efecto en 60 días y que los animales desarrollan respuestas inmunológicas que perduran toda su vida reproductiva.

En Endeavour, los veterinarios que trataban a Jo se llevaron una sorpresa: las pruebas moleculares demostraron que estaba libre de clamidia. Eso significaba que podían reclutarla para el ensayo en curso, en el que se prueba una vacuna combinada contra la clamidia y el retrovirus del koala conocido como KoRV, un virus de la misma familia que el VIH.

Timms espera que este ensayo y otro en Nueva Gales del Sur sean el “factor determinante”, el último paso para que el Gobierno introduzca vacunaciones masivas en el norte de Australia. Si tiene razón, podría ser una buena noticia no solo para los koalas.

“No somos más que un animal”, dijo Booth. “No fuimos los primeros en esto”.

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