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nytimesinternationalweekly - 03/12/19 - 06:00 AM

Estados Unidos está perdido en un mar de noticias reales y engañosas

El auge de las redes sociales, la proliferación de información en línea, incluyendo noticias diseñadas para engañar, y una oleada de noticias partidistas están llevando a un hartazgo general con las noticias en sí.

Menos de la mitad de los estadounidenses confía ahora en los medios, reporta Gallup. Una vista de la Casa Blanca. Foto/ T.J. Kirkpatrick.
  • Sabrina Tavernise y Aidan Gardiner

Washington — En el norte de Nueva York, Travis Trudell recibió una alerta en su teléfono el 13 de noviembre, informándole que habían iniciado las audiencias para el juicio político contra el presidente Donald J. Trump. En vez de ello, abrió Disney Plus.

En Wisconsin, Jerre Corrigan nunca consideró seguirlas. Pasó el día impartiendo una clase de matemáticas a alumnos de tercero de primaria. En Idaho, Russell Memory tuvo un día ajetreado trabajando como programador computacional y supuso que se pondría al corriente dentro de unas semanas cuando concluyeran las audiencias.

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Los demócratas en el Congreso estadounidense hicieron público su caso contra Trump a partir de ese día. Pero tras horas de testimonios, miles de reportes y días de transmisión de encabezados noticiosos, una cosa era evidente: muchos estadounidenses no estaban poniendo atención.

Es más difícil ahora —quieren llamar tu atención con esos encabezados, dijo Corrigan desde su hogar. Trump hizo esto, Trump hizo aquello. Realmente tienes que ponerte a investigar y no creo que mucha gente lo haga.

En este momento volátil, parecería que la información nunca había sido más crucial. Estados Unidos está en medio de un procedimiento de juicio político contra un presidente por tercera vez en la historia moderna. Falta menos de un año para unas elecciones en las que hay mucho en juego.

Sin embargo, justo cuando la información es más necesaria, para muchos estadounidenses parece ser muy escurridiza. El auge de las redes sociales, la proliferación de información en línea, incluyendo noticias diseñadas para engañar, y una oleada de noticias partidistas están llevando a un hartazgo general con las noticias en sí.

Agregue a eso un presidente con un historial documentado de hacer declaraciones falsas con regularidad y el resultado es una nueva y extraña normalidad: mucha gente está insensibilizada y desorientada, batallando para discernir qué es real en un mar de enfoques falsos y verdaderos.

Por supuesto, muchos estadounidenses tienen la experiencia opuesta: recurren a fuentes en las que confían —así sea en la derecha o la izquierda— que les dicen justo lo que ellos ya creen que es cierto.

Sin embargo, un sondeo dado a conocer la semana antes del inicio de las audiencias arrojó que el 47 por ciento de los estadounidenses cree que es difícil saber si la información con la que se topan es verdadera. Alrededor del 60 por ciento de los estadounidenses dice ver de distintas fuentes reportes contradictorios sobre los mismos hechos, de acuerdo con el sondeo, realizado por The Associated Press-Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos y USAFacts.

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Ahora más que nunca, la línea entre reportes basados en hechos y los comentarios de opinión tendenciosos parece ser borrosa para la gente, dijo Evette Alexander, directora de investigación en la Fundación Knight, que financia periodismo e investigación. Eso significa que confían menos en lo que están viendo. Se están sintiendo menos informados.

También se están desconectando. Trudell, empadronado como elector independiente, dejó de poner atención a las noticias nacionales hace más o menos un año. Le pareció tóxico y mentalmente agotador, y generaba discusiones que no tenían fin. En vez de ello, decidió enfocarse en la política a nivel local y estatal.

Como gerente de seguridad en un centro comercial, tiene que preocuparse sobre farderos, así que era útil mantenerse informado sobre las reformas estatales de justicia penal.

Entre las poderosas fuerzas digitales nuevas que sacuden a los electores estadounidenses, quizás las más dañinas son los artículos diseñados para engañar.

Matt Stanley, un administrador escolar y demócrata empadronado en Virginia Occidental, vio cómo su candidato al Congreso en las elecciones intermedias del año pasado, Richard Ojeda, perdió por amplio margen. Stanley cree que el resultado estuvo relacionado, al menos en parte, con una oleada de publicidad negativa en Facebook que incluía fotografías alteradas dirigidas a desacreditar a Ojeda, como una que lo mostraba con maquillaje y una boina rosa.

Las redes sociales enlodan mucho las cosas, afirmó Stanley, de 50 años.

Luego están los políticos mismos, sobre todo Trump, quienes han ayudado a generar la confusión al hacer una y otra vez declaraciones que muchos verificadores de datos en los medios aseguran que no son ciertas.

En Rusia, los líderes políticos aprendieron a usar el estallido en línea mucho antes que Estados Unidos.

Propagan este sentido de que la gente vive en un mundo de conspiración interminable, y que la verdad es inescrutable, y todo lo que queda en este mundo confuso soy yo, dijo Peter Pomerantsev, autor de This Is Not Propaganda: Adventures in the War Against Reality (Esto no es Propaganda: Aventuras en la Guerra contra la Realidad). Se refería al presidente ruso Vladimir Putin y otros gobernantes autoritarios. Trump también tiene ese estilo, indicó.

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Sin embargo, la estrategia de Trump no les parece atractiva a todos, ni siquiera en su propio partido. No apoyo su estilo de política, expresó Memory, el programador computacional.

Siempre que hay cualquier tipo de polémica, sólo lo niegas categóricamente y lo haces una y otra vez hasta que la gente se cansa y pasa a otra cosa. Memory, un republicano empadronado, dijo que fue por eso que no votó por Trump.

Pero dijo que ve sesgo entre los medios noticiosos liberales. Se sintió molesto porque se les dio mucha promoción a los reportes de Trump siendo abucheado en un juego de beisbol de los Nacionales de Washington, pero cuando Trump fue ovacionado en Alabama unos días después, no pudo hallar casi nada sobre eso.

Ambas cosas sucedieron. Fue abucheado y fue ovacionado. Pero una de las dos es una noticia mucho más importante, señaló Memory, de 37 años.

A fines de los 70, casi tres cuartas partes de los estadounidenses confiaban en los periódicos, la radio y la televisión, y la mayoría de ellos se iba a dormir tras escuchar los mismos hechos. Hoy, menos de la mitad de los estadounidenses confía en los medios, de acuerdo con Gallup.

Benjamin J. Toff, catedrático en la Universidad de Minnesota, realizó entrevistas en Iowa este verano y halló que quienes dicen evitar las noticias tendían a ser más jóvenes, mujeres y más pobres —personas que no se dan abasto entre sus empleos y su hogar, haciendo que dedicar horas a evaluar fuentes noticiosas sea lo último que querían hacer con su tiempo, explicó.