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nytimesinternationalweekly - 22/10/19 - 06:00 PM

Agricultores chinos no logran rescatar el campo

Líderes prometieron transformar la vida de los agricultores desde hace 70 años, cuando la República Popular China fue establecida, la idea consistía en redistribuir las tierras de los ricos a los pobres, pero los terrenos continúan en manos del Estado.

La mitad de los habitantes de China vive en el campo, pero el Estado es dueño de la tierra. Foto/ Lam Yik Fei para The New York Times.
  • Ian Johnson

XIAOXIHE, China — Todos los años, el mensaje es el mismo: el Gobierno arreglará el rezagado campo de China mediante reformas. Este año no fue diferente, con medidas que buscaban ayudar a los agricultores a mudarse a las ciudades e invertir en mejorar sus tierras.

Sin embargo, todos los años, la brecha entre aldea y ciudad permanece alta. Muchos culpan por esto al hecho de que los campesinos no tienen permitido ser dueños de tierras.

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En Xiaoxihe, una región llena de colinas al este de China, los agricultores hablan de la propiedad de tierras como algo tan poco probable que desafía la imaginación.

La propiedad no es posible en China, dijo un campesino, de 69 años. El socialismo no permite eso.

Cuando la República Popular China fue establecida hace 70 años, líderes prometieron transformar las vidas de los agricultores, al redistribuir tierras de agricultores ricos a los pobres.

Pero pronto, la tierra fue nacionalizada y todos los terrenos en China continúan en manos del Estado.

Esta cuestión se ha vuelto clave al tiempo que el Gobierno intenta apuntalar una economía que el año pasado vio su crecimiento más lento en 28 años. La China rural sigue siendo el lugar donde vive casi la mitad de los 1.4 mil millones de habitantes del país y a menudo es vista como un motor para crecimiento potencial.

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Xi Jinping, el líder de China, ha subrayado la importancia de solucionar los problemas en las zonas rurales. En un discurso el año pasado, dijo, si el campo prospera, el país prospera.

La región de Xiaoxihe estuvo alguna vez al centro de un atrevido experimento que ayudó a dar un giro a la suerte del País.

Hace 40 años, campesinos al borde de la hambruna decidieron ignorar las reglas que les exigían trabajar en colectivos controlados por el Estado. Resucitaron las granjas familiares. El resultado fue un auge en la producción agrícola, lo que desencadenó reformas que transformaron a China en una economía de rápido crecimiento.

Pero esas reformas no revirtieron las políticas que habían nacionalizado la propiedad de la tierra.

El resultado ha sido estancamiento. En el 2018, los ingresos urbanos eran casi tres veces más altos que los de los residentes rurales.

El Gobierno reconoce el problema. Todos los eneros, el primer documento que emite concierne una nueva política rural.

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Hace más o menos una década, el Estado comenzó a permitir que los campesinos arrienden sus derechos de uso de suelo a otros campesinos. Eso liberó a algunos para vivir en la ciudad sin renunciar a sus derechos de uso del suelo.

Pero sólo el 37 por ciento del suelo rural en China ha sido transferido a otros agricultores o compañías.

Un problema es que el Gobierno decide quién puede transferir tierra.

Incluso cuando las transferencias son permitidas, el sistema no da a los nuevos titulares derechos que les permitan aprovechar su mayor escala.

Una de las agricultoras más grandes en la región es Zhu Chanyue, de 40 años, quien pasó 20 en la próspera región costera de China, donde invirtió en bienes raíces.

En el 2017, Zhu regresó a casa para estar cerca de su familia y probar suerte en la agricultura. Utilizando el sistema de transferencias, acumuló casi 200 hectáreas de tierra de cultivo —pero no ha generado dinero.

No tiene caso jactarse, dijo. Hice mucho dinero en los bienes raíces, pero lo perdí todo en la agricultura.