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Ricardo Martinelli - 04/12/17 - 12:00 AM

La opinión de Ricardo Martinelli: 'Cada cinco años muere un rey'

Hay gobernantes que se sienten predestinados y que tienen un deber moral de hacer tal o cual cosa...


Hay gobernantes que se sienten predestinados y que tienen un deber moral de hacer tal o cual cosa porque es una deuda con la sociedad y ellos tienen el deber moral de resolver tal o cual problema. Igual pensaban los jacobinos en la Revolución francesa y terminaron muchos en la famosa guillotina, como el no menos célebre Robespierre. Solo los exobispos Talleyrand y Fouché lograron salir ilesos, escudados parcialmente por su astucia y habilidad. De este matrimonio vino Napoleón y el auge más importante que ha tenido Francia bajo la monarquía Bonaparte.

Napoléon logró dividir el ajedrez europeo, pero se encontró con el ministro austriaco, el príncipe Metternich, que supo con argucia aupar los egos de grandeza de un humilde militar, que se empinaba para parecer más alto y trataba de hablar francés sin acento corso, al casarlo con la hija del emperador de Austria, la princesa María Luisa.

Napoleón tenía un genio militar insuperable y su instinto lo hizo ganar muchas batallas. Su mayor problema fue la megalomanía típica de todos los gobernantes que ganan todas las batallas, pero no saben cuándo parar. Por imponer a su hermano José como rey de España tuvo que dejar a 235 mil hombres protegiéndole, los cuales faltaron para la decisiva batalla de Waterloo.

Con ellos hubiera ganado y otra hubiera sido la historia del mundo. Napoleón tenía mentes brillantes como Joseph Fouché, jefe de Policía, y Charles Maurice Talleyrand, ministro de Relaciones Exteriores, y porque ambos lo traicionaron es depuesto cuando estos se alían contra él y lo deportan a la isla de Elba.

Varela también tiene sus Fouché y Talleyrand. El problema es que no se ha dado cuenta de que cada cinco años muere un rey y nace otro. Está llegando no solo el año de hidalgo, sino el año del sapeo, "yo no fui, él lo ordenó". Ya todos los que están buscan refugio en un nuevo cuartel de invierno. Lo malo es que, como Napoleón, Varela no se ha dado cuenta de a quién tiene a su lado, diciendo toda clase de información y diciendo "ese muerto no lo cargo yo, que lo cargue el que lo mató".

Nunca hubo nadie más poderoso que el minotauro y desde sus entrañas sus estrechos colaboradores lo vendieron y traicionaron. Todos lo veían menos él. Por eso pierde y lo destierran y el estadista más ilustre de la historia pasa a ser un prisionero del mundo porque no tuvo reconciliación con sus adversarios, que al final se juntaron todos y acabaron con él.