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Opinión - 12/8/17 - 12:00 AM

Juventud sin valores

Velvet Peñalba | [email protected] |

Se entiende por valor lo que hace que un hombre sea tal, sin lo cual perdería la humanidad o parte de ella. El valor se refiere a una excelencia o a una perfección. Por ejemplo se considera un valor decir la verdad y ser honesto; ser sincero en vez de ser falso; es más valioso trabajar que robar. La práctica del valor desarrolla la humanidad de la persona, mientras que el contravalor lo despoja de esa cualidad, es un tema que como estudiante y futura profesional ha captado mi atención de tal manera que me he visto en la necesidad de expresar por primera vez, a través de este artículo, mis pensamientos acerca de nuestra actual realidad. Una felicidad fabricada de corta duración que se fortalece de las debilidades de los demás, que se llena de la alegría por las tristezas de quienes poco conocemos, que nos muestra a seres irreales con vidas irreales... ¡En qué terrible condición nos encontramos! Muchos lo llaman siglo XXI, otros moda, sin embargo, yo lo llamaría opresión a nuestra propia naturaleza que emana los mejores sentimientos hacia los demás.

Cada persona tiene una percepción diferente de la vida, pero todos podemos cultivar los mismos valores. Debemos tener en cuenta que esta vida no es una carrera y no es en lo absoluto lógico que vivamos inmersos en mentiras, en querer aparentar lo que no somos. ¿De dónde surge esta realidad alterna? Pienso que la mayoría de nosotros crecimos conociendo el bien y el mal, desde valores sencillos hasta un poco complejos. Yo crecí en una familia disfuncional, pero la figura que moldeó mi percepción de los valores fue mi madre, ella siempre estaba pendiente de nuestras acciones, y sabíamos que si no cumplíamos sus normas obtendríamos un castigo... poco a poco la vida me fue enseñando que el hacer lo correcto siempre redunda en mejores resultados y experiencias.

Como seres humanos tendemos a culpar a cualquier factor de nuestras tragedias o errores, en lugar de reconocer nuestras propias faltas. Yo crecí en momentos difíciles en mi familia, sin embargo, eso no determinó mi convicción y el enriquecimiento de los valores en mi vida. Tenemos que tener en cuenta que estas raíces que nos sostienen y que nos han hecho sobrevivir a través de las épocas han sido esos valores, de saber que nuestra función en esta vida no es completa solo con nosotros, sino por la ayuda colectiva. La mayoría de ustedes diferirán de mi opinión sin embargo yo sé quién soy, que jamás les faltaré el respeto a mis padres ni semejantes. ¿Suena irreal? Muchos así lo creen, porque so pretexto de que me enfrentaré en unos cuantos años a la verdadera selva de cemento (el ambiente laboral) sugieren que mi ideal de vida cambiará drásticamente y terminaré siendo como todos los demás, un frío ser que no se deja amedrentar de nadie y que aprovechará cualquier situación para escalar en el trabajo. Me entristece solo pensar que así es la mayoría. Confío en no pertenecer jamás a esa mayoría.